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Guía práctica de suplementación en invierno

 
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Sistema inmunitario en invierno: qué dice la evidencia sobre suplementos, vitaminas y probióticos

En invierno aumentan las infecciones respiratorias (resfriados, gripe y cuadros catarrales) y con ellas una pregunta recurrente en el mostrador: “¿Qué puedo tomar para subir las defensas?”.

La respuesta profesional es clara: el sistema inmunitario no se “enciende” con un producto, y la suplementación solo tiene sentido cuando hay déficit, necesidad aumentada o evidencia de beneficio clínico en contextos concretos. Tomar suplementos “por si acaso” puede ser inútil… o incluso contraproducente en determinadas personas.

Este artículo resume qué sabemos, con evidencia científica, sobre los suplementos más demandados en invierno: vitamina D, vitamina C, zinc y probióticos, además de algunas consideraciones sobre fitoterapia. El objetivo es que el paciente entienda qué esperar y que el farmacéutico pueda orientar con criterio.

1) Inmunidad y nutrición: una relación real (pero no mágica)

El sistema inmunitario depende de:

  • Barreras físicas (mucosas respiratorias, piel)
  • Inmunidad innata (respuesta rápida: interferones, fagocitosis)
  • Inmunidad adaptativa (respuesta específica: linfocitos T y B, anticuerpos)

Para funcionar bien, necesita:

  • Energía suficiente
  • Proteínas adecuadas
  • Micronutrientes clave (vitaminas y minerales)
  • Un estado inflamatorio y metabólico equilibrado
  • Una microbiota intestinal diversa y estable

📌 Idea clave:
Corregir déficits mejora la función inmune, pero suplementar sin déficit no siempre aporta beneficios medibles.


2) Vitamina D: el “clásico” del invierno… y con bastante ciencia detrás

La vitamina D actúa como una hormona esteroidea con receptores en múltiples células inmunitarias. Participa en:

  • Regulación de la respuesta inflamatoria
  • Modulación de la inmunidad innata y adaptativa
  • Integridad de barreras epiteliales

¿Por qué se habla tanto de vitamina D en invierno?

Porque disminuye la síntesis cutánea por menor exposición solar, especialmente en:

  • Personas mayores
  • Personas que salen poco al exterior
  • Fotoprotección estricta
  • Piel más oscura
  • Obesidad (secuestro en tejido adiposo)
  • Malabsorción o cirugía bariátrica

¿Qué dice la evidencia?

Los mayores beneficios se observan cuando:

  • Existe déficit o insuficiencia, y
  • Se suplementa de forma constante (dosis diarias o semanales), no con megadosis esporádicas.

📌 Consejo práctico desde farmacia

  • Si el paciente tiene alto riesgo de déficit, la suplementación puede ser razonable, idealmente tras control clínico.
  • En general, dosis habituales seguras en adultos: 800–2000 UI/día (individualizar según perfil y antecedentes).
  • Evitar “megadosis” sin supervisión.

⚠️ Precaución: pacientes con sarcoidosis, hiperparatiroidismo, insuficiencia renal avanzada o antecedentes de hipercalcemia deben ser valorados.

 

3) Vitamina C: útil, pero en su sitio

La vitamina C participa en:

  • Función de neutrófilos
  • Protección antioxidante
  • Síntesis de colágeno y mantenimiento de barreras

¿Previene el resfriado?

En población general, no de forma relevante.
Lo que sí se ha descrito en revisiones es un efecto modesto:

  • Puede reducir ligeramente la duración del resfriado
  • Puede ser más útil en personas con estrés físico intenso (deportistas de alta carga o ambientes extremos)

📌 Consejo desde farmacia

  • Puede ser una ayuda complementaria si el paciente lo solicita, explicando que el efecto es modesto.
  • Mejor enfocarla como “apoyo” y no como “escudo”.


4) Zinc: interesante si se usa bien (y pronto)

El zinc es esencial para:

  • Maduración y función de linfocitos
  • Respuesta frente a virus
  • Reparación de tejidos

¿Qué dice la evidencia?

En algunos estudios, el zinc (sobre todo en formulaciones tipo pastillas/lozenges) puede:

  • Reducir la duración del resfriado si se inicia en las primeras 24 horas del inicio de síntomas.

Pero el beneficio depende de:

  • Dosis efectiva
  • Formulación
  • Adherencia
  • Inicio precoz

⚠️ Precauciones importantes

  • Evitar uso prolongado a dosis altas: puede inducir déficit de cobre y alteraciones gastrointestinales.
  • En general: recomendar uso corto (por ejemplo 5–7 días) cuando se utiliza con objetivo “resfriado precoz”.


5) Probióticos: la clave es la cepa (y las expectativas)

La relación intestino–inmunidad es real: una parte relevante del sistema inmune se organiza en tejido linfoide asociado al intestino. La microbiota influye en:

  • Producción de metabolitos antiinflamatorios (p. ej., ácidos grasos de cadena corta)
  • Respuesta frente a patógenos
  • Modulación de inflamación sistémica

¿Funcionan los probióticos para prevenir resfriados?

La evidencia sugiere que algunas cepas pueden:

  • Reducir incidencia o duración de infecciones respiratorias
  • Mejorar ciertos marcadores de respuesta inmune

Pero el punto crítico es este:
✅ No es “el probiótico”: es la cepa concreta, a la dosis adecuada y durante un tiempo suficiente.

📌 Consejo desde farmacia

  • Elegir productos con cepas identificadas (nombre completo) y respaldo clínico.
  • Explicar que no es inmediato: suelen requerir semanas de uso para observar efecto preventivo.


6) Fitoterapia “para defensas”: evidencia variable y prudencia

Algunos productos vegetales son muy demandados. El consejo profesional es distinguir:

  • Efectos modestos pero posibles
  • Seguridad e interacciones

Ejemplos habituales

  • Equinácea: estudios con resultados mixtos; podría reducir duración de síntomas en algunos casos.
  • Própolis: efecto local en garganta (uso como coadyuvante).
  • Pelargonium sidoides: evidencia en bronquitis aguda leve en algunos ensayos.

⚠️ Precaución

  • Alergias
  • Embarazo/lactancia (depende del producto)
  • Inmunosupresión o enfermedades autoinmunes (valorar caso a caso)
  • Interacciones potenciales


7) ¿Qué recomendar “de verdad” para mejorar defensas? (lo que nunca falla)

Si el paciente busca prevención real, la evidencia fuerte no está en un frasco:

  • Sueño suficiente y regular
  • Dieta con proteína adecuada, frutas/verduras y fibra
  • Actividad física moderada
  • Lavado de manos y ventilación
  • Vacunación (gripe y otras según perfil)
  • Control de estrés crónico

Los suplementos pueden ser útiles, pero como herramienta complementaria, no como sustituto.


Conclusión

En invierno, hablar de “defensas” es una oportunidad excelente para hacer educación sanitaria con rigor. La evidencia apoya sobre todo:

  • Vitamina D cuando existe riesgo o déficit
  • Zinc en fases muy precoces del resfriado y a corto plazo
  • Probióticos con cepas específicas para prevención en algunos perfiles
  • Vitamina C con beneficios modestos en duración

El valor diferencial del farmacéutico está en individualizar y evitar recomendaciones automáticas, reforzando hábitos con evidencia y usando suplementación solo cuando suma.

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